EL FIN DE LAS OFICINAS: LOS NUEVOS ESPACIOS DE TRABAJO

EL FIN DE LAS OFICINAS: LOS NUEVOS ESPACIOS DE TRABAJO

Está claro que las cosas están cambiando, y la forma de trabajar no se escapa a estos cambios. El mercado laboral está metido en un enorme pozo –solo hay que ver las cifras del paro-, y cada vez somos más los que pensamos que quizá la causa no es tanto el vil empresario con su innato deseo de esclavizar al proletario,  sino una falta de adaptación del modelo al profundo cambio que viene de la mano de las nuevas tecnologías.

Pese a ello, la calle es mucho más dinámica de lo que parece, y la gente real sí se está adaptando a la transformación, y por ello se empiezan a demandar nuevos espacios de trabajo que respondan a las necesidades de los nuevos sistemas laborales, dentro de los cuales, el concepto “colaborativo” tiene un papel más que destacado.

De ahí que en los últimos años hayan surgido un buen número de espacios de trabajo de esta naturaleza que, aunque tienen evidentes similitudes, no son todos iguales, hay de distintos tipos:


Centros de Negocio

Surgieron como propuesta  “en las vacas gordas”, cuando los negocios funcionaban a toda máquina y no teníamos tiempo ni de montar una oficina. Estos centros se pensaron para darnos una ubicación, una oficina, con todo ya masticado, mobiliario incluido, llave en mano, con buena presencia y calidades de lujo.

Realmente no son espacios colaborativos porque, aunque pueden compartir ciertos servicios (que no gastos, porque se pagan bastante caros), en esos centros cada uno va a su aire, y apenas existe relación entre unos miembros y otros. De colaboración o cooperación, nada de nada.

Para mi gusto son ideales para todos aquellos que no creen que se vaya más lejos en grupo que en solitario, para los celosos de su intimidad y privacidad, y para los modelos de negocio tradicionales que aún no hayan necesitado adaptarse a las nuevas tecnologías.

Oficina compartida

Surgió como  una consecuencia obvia y directa de la crisis económica: si tengo un despacho con elevados costes de estructura y parcialmente desaprovechado, ¿por qué no compartirlo con otros profesionales y repartir gastos?

Ciertamente la idea funciona, y además a raíz de ello, tal y como se desprende de la economía colaborativa, de forma más o menos inesperada se detecta que empiezan a surgir sinergias y potencialidades entre los que comparten el espacio, de forma que llegan más lejos juntos que por separado.

Tiene el inconveniente de que el dueño original del espacio suele seguir teniendo el mando, o al menos una posición más dominante –no olvidemos que la oficina es suya- incluso en ocasiones llega a establecer cuándo se abre y cuándo no (no siempre está dispuesto a que le cambien el horario de apertura, o el período de vacaciones, una cosa es compartir gastos y otra muy distinta es que me lo cambien todo). Además tiene el riesgo de que cuando las vacas cambien de tamaño, quizá quiera recuperar su espacio y le estorben los “ocupas”(habría que ser cenutrio para desperdiciar las sinergias creadas, pero haberlos, haylos).

Espacios de coworking.

Son el siguiente paso a las oficinas compartidas. Espacios montados expresamente para maximizar las sinergias, para fomentar la colaboración entre profesionales y para potenciar al máximo el dicho de que “el conjunto es muchísimo más que la suma de sus partes”.

Los espacios de coworking se crean para la comunidad y con la comunidad en la mente. No es un negocio inmobiliario que alquila espacios físicos, es una red, no solo un sitio. La comunidad que vale mucho más que el espacio.

La diferencia principal con las oficinas compartidas es que en los espacios de coworking existe la figura del coordinador, una persona cuya misión es la de facilitar las conexiones e interacciones entre los coworkers para proporcionarles valor y acelerar activamente las serendipias, aquellos descubrimientos buenos y útiles que no estaban buscando. El trabajo del coordinador es ayudar a conectar gente, a construir confianza y reducir fricciones (para hacer más fáciles las conexiones), de forma que las sinergias puedan suceder más fácilmente. Su meta es hacer tu vida laboral más fácil, que te encuentres lo más cómodo posible, y que interactúes con la gente de la comunidad que te puede llevar más lejos.

El foco del coworking está en su comunidad, así que los espacios pueden presentar muchas formas distintas: trabajadores de un sector determinado, de varios sectores, puestos fijos, puestos compartidos, pre-aprobación de miebros, etc. El diseño del espacio no  es tan importante, lo que importa es la gente.

Encontrarás la palabra “coworking” en muchos tipos de espacios, pero no te equivoques, muchos de ellos no son más que puestos compartidos, que tratan a los coworkers como clientes “de segunda clase”. La apertura de un espacio es justo eso, un espacio abierto, una configuración de un habitáculo y no implica más que eso. Coworking es un verbo, que implica acción por parte del coordinador para construir una comunidad.

Incubadoras/aceleradoras

 Las incubadoras y aceleradoras suelen ser espacios o negocios asociados a organismos públicos que, en teoría, son el sitio ideal para iniciar un negocio del siglo XXI, puesto que proporcionan todo lo necesario para que la startup crezca vertiginosamente. El problema es que en la mayorías de los casos han acabado siendo simplemente lugares que ofrecen un espacio de oficina superbonito, con un montón de medios tecnológicos espectaculares (aunque la mitad de las veces no funcionen), y  unos eventos muy “cool” que le sirven al político de turno para ponerse su medalla de lo cerca que está de los emprendedores, actualmente tan de moda.

Siguiendo el símil con las incubadoras de verdad, éstos son más bien simplemente nidos  (eso sí, nidos superfashion), se han olvidado de los huevos, y de la gallina que los tiene que cuidar. Por eso la mayoría de los espacios de coworking son mucho más propicios, con sus coordinadores (gallinas) y sus coworkers (huevos).

Bares y cafés

No son espacios de trabajo per se, pero en muchas ocasiones son sitios donde mucha gente va cuando no saben nada del coworking, o cuando no tienen uno cerca. La parte buena es que son gratis, más o menos, solo pagas por lo que consumes, o por el morro que le eches a tirarte toda la mañana solo con un café, o a saber obviar impasiblemente la cara de mala leche del camarero. La parte mala es que están llenos de distracciones, y de gente muy interesada en olisquear lo que estás haciendo.

La verdad es que la oferta es amplia y variada, con unas opciones claramente mejores que otras y, en cualquier caso, dependiendo de las necesidades que uno tenga. Está claro que si trabajas por cuenta ajena en una fábrica, estos espacios no son para ti, o que si tu rol es estar todo el día conversando con clientes, lo mejor probablemente sean los bares.

Independientemente de ello, yo tengo claro que prefiero unos sobre otros. Algunas de estas alternativas me parecen una auténtica tomadura de pelo, mientras que otras las considero opciones más que recomendables si se adaptan a tus circunstancias.

Y tú, ¿cuál es la alternativa que mejor te cuadra? ¿se te ocurre algún tipo de espacio de trabajo más? ¿me he dejado alguna ventaja/inconveniente?

Basado en una parte del libro “The coworking handbook: the guide for owners and managers” de Ramón Suárez (Betacowork, Bruselas)

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